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¿Cómo facilitar la alimentación en una persona con disfagia?

La disfagia es un trastorno caracterizado por una dificultad para tragar el alimento. En muchos casos es consecuencia de lesiones o patologías neurológicas como en accidentes cerebrovasculares, Alzheimer o Parkinson, o dolencias que afecten a la lengua, garganta o esófago, entre otras causas.

La disfagia puede originar graves complicaciones como malnutrición, deshidratación o bronconeumonía aspirativa. Es por ello, que resulta imprescindible controlar y adaptar el proceso de alimentación para evitar la aparición de estos riesgos. 

Algunos de los síntomas y signos de alerta que pueden aparecer en la persona con disfagia son la necesidad de toser tras ingerir alimentos o bebidas, rechazo y miedo a la comida, atragantamiento, retención de la comida en la boca más tiempo del normal y dificultad para controlar los alimentos en la boca. 

El objetivo es preparar alimentos que ayuden a la persona a hacer un bolo alimenticio que sea fácil y seguro de tragar y, además, realizar comidas variadas para mantener una alimentación lo más completa posible y con un aspecto, olor y sabor agradables.

Algunas informaciones básicas y recomendaciones generales a tener en cuenta a la hora de elaborar platos para personas con disfagia pueden ser (teniendo siempre en cuenta que dependerá del tipo y grado de la disfagia):

      • Evitar el cansancio de la persona a la hora de comer, realizando pequeñas ingestas, varias veces al día. Se recomienda no estar más de 30 minutos comiendo. También es recomendable preparar platos únicos y nutritivos.
      • Garantizar la ingesta de agua suficiente durante el día (incluyendo los lácteos y otros líquidos espesados).
      • Modificar la textura de los alimentos sólidos y líquidos para adaptarlos al que le vaya mejor a la persona para deglutir. Por ejemplo, se pueden espesar los líquidos si es necesario, o triturar los alimentos sólidos.
      • Administrar solamente los alimentos que sabemos que se pueden masticar y tragar con seguridad.
      • Preparar los alimentos para que sean homogéneos, melosos y fáciles de masticar. Evitar grumos y espinas.
      • Si la persona tiene dificultades para tragar líquidos es mejor darle líquidos con una consistencia semisólida como la de las cremas de verdura, purés de fruta, yogures, natillas, cuajadas o queso fresco. También es importante evitar los líquidos de consistencia fina como el agua, el caldo, las infusiones, etc.
      • Una buena manera de conseguir que las personas con disfagia ingieran suficiente líquido es utilizar gelatina. Es importante escoger una que no se disuelva con facilidad con la saliva o evitar dársela cuando lleva un tiempo a temperatura ambiente, porque puede volverse líquida.
      • Evitar las dobles texturas con mezcla de líquido y sólidos en un mismo plato: por ejemplo, mezclar sopas con legumbres sin pasar por la batidora, bollos mojados en la leche…
      • Evitar los alimentos que, al masticarlos, desprenden líquido -como por ejemplo: sandía, melón, naranjas…- también aquellos que se puedan convertir en líquido (como determinados tipos de helados).
      • Evitar alimentos pegajosos que puedan quedar pegados al paladar porque provocan cansancio.
      • Evitar alimentos fibrosos o con filamentos como: piña, naranja, algunas verduras y carnes fibrosas, etc.
      • Tener en cuenta que los alimentos fríos o calientes se tragan mejor que los templados.

Es importante tener siempre en cuenta las indicaciones de los profesionales sanitarios correspondientes (médicos, logopedas) con el fin de adaptar la alimentación a las características y necesidades individuales de la persona.

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